¿Por qué debes apostar por un equipo con SSD?

18 enero 2018

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Las unidades de estado sólido o SSD se han convertido en el gran estándar en almacenamiento para la informática móvil por sus múltiples ventajas frente a los discos duros y se utilizan de forma masiva en 2 en 1, convertibles, portátiles premium, Ultrabook™, tabletas electrónicas o smartphones.

Su base en las memorias flash NAND y con ello la ausencia de partes móviles, le otorgan otras grandes ventajas sobre los discos duros en consumo, vibraciones, ruido o emisión calorífica. Sus formatos más avanzados, como M.2, han permitido disminuir las dimensiones de las SSD hasta cotas increíbles, con tamaños similares a una tarjeta de memoria, permitiendo crear equipos cada vez más delgados y ligeros, un aspecto esencial en informática móvil.

Por todo ello, SSD es uno de los componentes más interesantes que hoy en día un usuario debe valorar en la compra de un equipo informático nuevo o en la actualización de un equipo existente, sea reemplazando el disco duro en un portátil o también  instalando una SSD junto a él en un ordenador de sobremesa para obtener el mejor rendimiento y la máxima capacidad.

 

Qué debes conocer de una SSD

 

La industria ofrece una gran cantidad de soluciones según formato, capacidad, interfaz, rendimiento y precio. Entre los modelos existentes podemos destacar el formato más popular y versátil que utiliza el estándar de 2,5 pulgadas, igual que los discos duros. El segundo formato más importante es el denominado M.2, destinado a sustituir a los mSATA, sus ventajas en tamaño, peso y consumo sobre los que usan el estándar de 2,5 pulgadas, son enormes y se pueden utilizar en portátiles o sobremesa.

 Un tercer formato que podemos encontrar para equipos de sobremesa es el de tipo tarjeta pinchada directamente en un slot PCI de la placa base. En este formato se incluyen las unidades que montan sus chips directamente en la tarjeta o si ésta se utiliza como accesorios para poder montar las M.2 anteriores en placas que no tengan un conector especializado.

 Otro elemento distintivo a la hora de elegir una SSD es su bus de conexión. Las unidades de 2.5 pulgadas se conectan a la interfaz SATA, mientras que M.2 se pueden conectar a SATA o a PCIe. Son éstas últimas las más extendidas y las que marcan la diferencia en rendimiento. Las M.2 que utilizan PCIe son las unidades más rápidas que vas a encontrar en almacenamiento sólido de consumo. Utilizan la interfaz nativa PCI-e para disparar su rendimiento hasta un máximo teórico que llega a multiplicar por cinco el de las unidades de estado sólido conectadas a SATA.

 Aunque en sus inicios su precio era prohibitivo para el gran consumo, las distancias frente a SATA se están reduciendo y por ellas pasan el futuro del almacenamiento en PC. A destacar que las nuevas generaciones de SSD M.2 PCIe soportan el estándar NVM Express, diseñada desde cero aprovechando la baja latencia y el paralelismo de los SSD PCI Express, ofrecen un rendimiento espectacular, convierten la unidad en arrancable, permitiendo prescindir completamente de otras unidades de almacenamiento, como los discos duros.

 Otro elemento importante a considerar es el de su capacidad de almacenamiento, establecido en un mínimo de 128 Gbytes en portátiles para instalar al menos sistema operativo y aplicaciones, y con modelos que alcanzan los 2 Tbytes o más en equipos de sobremesa. Conviene saber que hay una diferencia importante entre la forma que manejan los datos una SSD y un disco duro. Una SSD escribe datos en trozos llamadas “páginas”. Un grupo de páginas se denomina un bloque y con el fin de escribir nuevos datos en un bloque ocupado, todo el bloque tiene que ser borrado primero. Este proceso es casi instantáneo, pero requiere espacio libre vacío para que funcione correctamente, por lo que se recomienda dejar libre un 20% del total para maximizar la eficiencia. 

 En cuanto a resistencia y longevidad, las SSD están al nivel de un disco duro. Aunque son más propensos a fallos de energía eléctrica mientras que la unidad esté en funcionamiento, el almacenamiento sólido no tiene partes móviles lo que les otorga una gran ventaja en cuanto a imposibilidad de fallo mecánico. Las nuevas generaciones han mejorado muchísimo en fiabilidad. Todas las SSD incluyen células de memoria adicionales libres para cuando las otras fallen no perder capacidad, reasignando sectores dañados. 

 Últimas pruebas de resistencia han confirmado este aumento de fiabilidad con algunas series de unidades sobreviviendo después de soportar una prueba masiva de escritura por encima de los 2 petabytes. Una cantidad de datos enorme que un usuario en condiciones reales (normales de uso) tardaría decenas de años en completar. Los fabricantes ofrecen 3, 5 o hasta 10 años de garantía y la vida media oficial de una SSD se estima entre 5 o 7 años. 

 Finalmente, comentar el apartado de precio, el único apartado donde los discos duros superan a las SSD en coste por GB. En el último año, el aumento de la demanda de memorias flash ha sido constante y no solo para PC, sino por el aumento en móviles inteligentes y otros segmentos. Con ello, el precio de SSD rompió en 2016 la tendencia a la baja a medida que lo hacía el coste de las memorias flash NAND, el componente base y más caro para fabricar estas unidades de estado sólido. 

 En cualquier caso, el coste es asumible atendiendo a sus múltiples ventajas en consumo, vibraciones, ruido, emisión calorífica y rendimiento que hemos comentado y de ahí la recomendación de uso de este tipo de unidades. Fabricantes como HP ya las equipan en toda su línea profesional por defecto o en opción y es indudable que se han convertido en el gran estándar mundial del almacenamiento.